Encuentros: Una deuda pendiente

Sobre lo acontecido el 20 de Abril de 2018,

a las 12:15 en el Aula A de la Facultad de Psicología, UNC.

Por El Resorte – Laboratorio de Ideas

 


Largas décadas han pasado entre disputas, discusiones y desencuentros. Los ambientes recalcitrantes del mundo “científico” no daban lugar para el vínculo de perspectivas, que a primera vista, se mostraban inconciliables entre sí. Esta es la historia de construcciones de sentidos y sin-sentidos de la relación entre el campo neurocientífico y el de la psicología social crítica.

Como estudiantes, ingresamos a la Facultad de Psicología de la UNC escuchando a diestra y siniestra docentes hablando de intersectorialidad, interdisciplina y transdiciplina… poco, muy poco de ello se veía en las aulas. La Facultad parece constituida al modo de feudos, cuyos docentes titulares como señores dictan la “verdad sagrada” del área que encarnan. Las relaciones entre distintos saberes, diversas formas de comprender y aprehender la salud mental y los vínculos que se dan en la vida de lxs seres humanxs parecían supeditadas a un azaroso destino inalcanzable, alienado en las fantasías de muchxs jóvenes que cursamos día a día el recinto.

Comenzar un ciclo y proceso, paso a paso, de encuentros entre distintos saberes era una deuda pendiente. El día 20 de Abril, a las 12:15hs en el Aula A de la Facultad de Psicología (UNC), dio comienzo una charla-debate que para muchxs era necesaria. Si, necesaria… del orden de algo que no puede no existir… algo que debe estar y del cual depende radicalmente nuestra formación como psicológxs. Allí, frente a nosotrxs, estaban un grupo de personas que jamás pensamos que se juntarían para darnos semejante espacio de discusión. Paula Abate y Carlos Arias como representantes del Campo Neuro (profesorxs de Neuro y de Experimental, respectivamente), Horacio Paulín de la cátedra de Psicología Social; y Cecilia Berra, Jaschele Burijovich y Solana Yoma representando al Observatorio de Salud Mental y DDHH, se sentaban a una misma mesa para compartirnos saberes que hasta hace muy poco tiempo se nos presentaban como diametralmente opuestos.

Publico 1

El ambiente, en un principio, se presentaba indómito. La incógnita sobre qué era lo que iba a suceder era algo que se reflejaba en la mirada acuciante de todxs. Cuando el moderador, Marcelo Piñeyro (de El Resorte), da comienzo a la discusión… no podemos negar que el pulso de nuestras manos comenzó a temblar. Sosteníamos las cámaras con la cuales teníamos que sacar fotos del evento al cual con tanto esfuerzo habíamos organizado, y no sabíamos si teníamos las fuerzas para apretar el maldito botón de disparo. Nos mirámos súbitamente, respiramos hondo y todo empezó a pasar.

Ceferino Flores, estudiante de Psicología y miembro de Asociación Libre – La Bisagra (agrupación estudiantil que disputa cotidianamente el ámbito estudiantil de nuestra casa de estudios), tuvo la tarea de abrir la charla representando nuestro claustro, haciendo hincapié en la importancia de discutir desde miradas diversas y plurales nuestro plan de estudio y la Salud Mental, partiendo de la base del desconocimiento masivo de algo tan importante como es la Ley 26.657.

Fue seguido por Paula Abate, docente de la casa hace casi 20 años y candidata a decana. En el preciso instante en que el micrófono comenzó a bailar de mano en mano hacia ella, hubo un momento de silencio profundo. ¿Qué iba a decir sobre el “mundo neuro” y sus vínculos con la Psicología Social en la construcción y formación de Salud Mental? ¿Qué lugar debe ocupar la Neurociencia en la construcción de sentidos colectivos? Suponemos que conocía la empresa a la cual se embarcaba, pues su comentario nos dejó boquiabiertos:

Pauli

Reconoció con sinceridad el lugar que tiene la Neurociencia, y manifestó de manera muy segura y clara sus falencias y la necesidad de poder nutrir su mirada con perspectivas distintas. Recalcó fehacientemente la cruda necesidad de dejar de lado las diferencias que hemos construido a lo largo de décadas, para dar paso a la concatenación de procesos que ponderen y exalten el trabajo colectivo. Tendió una mirada penetrante y aguda hacia el público, y orgullosa de lo que estaba sucediendo en ese pequeño instante de vida, instó a seguir este camino que comenzábamos juntxs.

Carlos Arias, al momento de recibir el micrófono, con su gracia natural realizó una broma que desestructuró un poco los lineamientos a los cuales venimos acostumbrados en la sociedad académica.

En un momento de incertidumbre, donde hay veces que invaden las preguntas y otras veces no; surge de parte de una compañera una intervención: Poniendo énfasis en el área de “pertenencia” del profe Carlos, ella le pregunta, “¿Cuál sería la aplicación en su cátedra de estas nuevas concepciones de salud mental, en los paradigmas de las neurociencias?”. Carlos, reutilizando la pluralidad de “Paradigmas de las neurociencias” se refirió por un lado al único paradigma neurocientífico existente: el de “los manuales”, en el cual se predispone lo cuantitativo como primordial en sentido reduccionista.

Y la necesidad de nuevos paradigmas de los cuales estos procesos de formación y debate participan activamente, que estén en constante diálogo con las reconstructivas situaciones sociales en general y en particular, las problemáticas de salud mental, admitiendo que es difícil hoy en día cambiar la perspectiva en ciertos focos de raigambre conservadora, pero que es un compromiso necesario que deberán asumir como educadores de la facultad.

Del orden de estas afirmaciones fueron los aportes de Horacio Paulín, quien sumó la voz de la Psicología Social Crítica a la necesidad de comenzar a encontrar los saberes que, por más que puedan ser disímiles o alejados en lo teórico, nos atraviesan en la praxis de la psicología.

horacio obs marce

Por otro lado, Jaschele Burijovich, Cecilia Berra y Solana Yoma, tres exponentes del Observatorio de Salud Mental y Derechos Humanos, brindaron un muy detallado y concreto panorama respecto a la situación de la Ley de Salud Mental, con énfasis en el plan de estudios, según plantea el artículo 33:


La Autoridad de Aplicación debe desarrollar recomendaciones dirigidas a las universidades públicas y privadas, para que la formación de los profesionales en las disciplinas involucradas sea acorde con los principios, políticas y dispositivos que se establezcan en cumplimiento de la presente ley, haciendo especial hincapié en el conocimiento de las normas y tratados internacionales en derechos humanos y salud mental. Asimismo, debe promover espacios de capacitación y actualización para profesionales, en particular para los que se desempeñen en servicios públicos de salud mental en todo el país.


Algo que no está ocurriendo desde los enclaustrados ámbitos universitarios, pero que a partir de la apertura y el encuentro en estos espacios, podría comenzar a ocurrir.

Mientras tanto, los neuropsiquiátricos siguen operando, las lógicas del modelo médico hegemónico (concepto planteado por Menéndez) siguen existiendo, y el malestar social llega a uno de sus puntos más intensos cuando lxs pibes son criminalizados por ser adictxs y lxs locxs son, o encerrados y dopados, o excluidos totalmente de una sociedad que carece de políticas fuertes con interés en la inclusión a través de los diversos dispositivos que son propuestos por lxs luchadorxs de la salud mental.

La charla se dio en un ambiente que poco a poco fue aumentando su intensidad. La participación a partir de la pluralidad nos brindó un espacio de encuentro que pocxs creíamos posible. No fueron sus palabras las que radicalizaron la trascendencia del lugar, sino la humildad de esxs referentes de dejar de lado las pugnas con las que fueron criadxs y formadxs.

Desde El Resorte creemos que lo que hizo al espacio fue el encuentro y la convicción de que la transformación es posible. El respeto de la diversidad de miradas que fueron acaeciendo en el Aula A, nos dejaron pasmados. Estamos atónitos no por si lo que se escuchó fue lo mejor o fue lo peor, sino por el carácter revolucionario y performativo de hacer de lo diferente un pilar de formación. Esas cuatro paredes guardarán en su concreto por el resto de sus días la enseñanza más profunda que puede unx aprender en cualquier espacio educativo:

Somos, en la pluralidad del encuentro.

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