La formación de lxs psicólogxs: Una aproximación desde el respeto

Por Brunella Amato y Pilar Kauer.


Realizar una Psicología de la liberación exige primero lograr una liberación de la Psicología.                   

           Ignacio Martin Baró

 

Este año se cumplen 100 años de la Reforma Universitaria. Esto nos lleva a interrogarnos sobre la educación y formación en la Licenciatura en Psicología. Nos invita a revisar los conocimientos que fuimos adquiriendo y que nos sirven para preguntarnos hoy sobre el rol del lxs psicólogxs en la sociedad actual. De esta manera, reflexionar el lugar que ocupa la facultad de psicología, dentro de Universidad Nacional pública y gratuita, en nuestra formación como profesionales en el campo de la salud mental.

“El plan de estudio está desactualizado”: es una frase que escuchamos reiteradamente desde que ingresamos a la facultad. Nos preguntamos, entonces, con qué tiene que ver esa desactualización: ¿está relacionada con las teorías que estudiamos, que fueron construidas en otro contexto y época? ¿Alude a la falta de prácticas a lo largo de la carrera, las que nos permitirían la aplicación y retroalimentación teórica? Creemos que tiene que ver con ambas cuestiones.

Estas líneas invitan a indagar(nos) sobre nuestra formación y a abrir la pregunta sobre para qué, con qué objetivos (y no solo con qué contenidos) es necesaria una actualización del plan de estudio.  

Sostenemos que la actualización debería estar relacionada con la pregunta sobre cómo el psicólogo se posiciona frente al otro. Es necesaria una formación donde, más allá de la línea teórica, lo fundamental sea reconocer que como psicólogxs somos facilitadores, gestores y agentes de salud, para que desde esta certeza revisemos las teorías y conversemos con ellas en virtud de evaluar de qué manera estas nos aportan a nuestra práctica profesional. Como profesionales de salud trabajamos con los otros y, por lo tanto, es necesario que esa relación sea en clave de respeto. Respetar es reconocer y considerar al otro como tal, como otro.

Así, el debate no debe ser estrictamente sobre las corrientes que contempla nuestra formación y las concepciones que desde estas adoptamos. Más bien, debe abrirse a la pregunta sobre las implicancias y los posibles aportes que estas corrientes pueden hacernos para abordar las subjetividades actuales. Por tanto, es preciso preguntarnos el lugar del respeto hacia el otro que tales corrientes asumen. Esto nos demanda poner en cuestión el uso y abuso de poder y del saber profesional que desde estas corrientes se desprenden.

Pensar la formación en términos de respeto no es una ocurrencia ingenua, sino que implica explicitar y responder a una dimensión ética y una dimensión política del ser y hacer de lxs psicólogxs. Estas involucran la concepción del otro y el lugar que ocupa en la producción de conocimiento, como así también la intención del conocimiento producido, su ámbito de aplicación y sus efectos posibles; en otras palabras, el “para qué” de la psicología.

 

Un abordaje comunitario: la posibilidad de crear con otros

La psicología comunitaria aporta de manera significativa a este debate por dos razones: por un lado, porque es un campo específico que plantea modelos de hacer y comprender a partir de los cuales se generan nuevos conocimientos; y por otro, por el paradigma que asume y sustenta, denominado por Montero (2004) como paradigma de la construcción y transformación crítica.

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La psicología comunitaria asume una posición específica en la relación del profesional con el otro. Esta relación está sustentada en una dimensión ética en términos de igualdad y respeto.

Este campo de la psicología se fundamenta en el encuentro con el otro: otro diferente, distinto y, a la vez, similar en algún sentido. Este encuentro nos interpela como psicólogxs, a nuestras prácticas y teorías, y genera un espacio de creación compartida. Esto nos posiciona en una ética del respeto por el otro en su diferencia, en su alteridad, en su “absolutamente otro” (Levinas, citado en Barrault, 2008)

Es un encuentro que implica posicionarnos como psicólogxs de una manera más horizontal, en donde el saber del otro es esencial y en donde el saber del profesional se convierte en un saber más, no en el saber. La psicología comunitaria cambia la aproximación al objeto de estudio que plantea la psicología tradicional, en la medida en que considera que lxs actores sociales con quienes trabaja son igualmente sujetos cognoscentes. La psicología comunitaria plantea la construcción compartida de conocimiento, posicionándose desde abajo y desde adentro. Por tanto, el poder de este posicionamiento radica en la reivindicación de ambos saberes desde una relación dialéctica.

En relación a lo dicho, creemos necesario pensar la formación a partir de paradigmas que pongan en el centro el respeto. Porque ser psicólogxs en la actualidad es ser agentes de salud: recibir un título de Licenciadx en psicología implica una responsabilidad en relación al otro y exige reflexionar sobre las implicancias y el compromiso sobre el cuidado del otro y en el daño que se podría causar si no se es consciente de nuestra posición en la relación.

Consecuentemente, esto requiere preguntarnos sobre qué significa ser agente de salud mental a partir de la reflexión sobre la Ley Nacional 26.657:


La salud mental se define como un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos culturales biológicos y psicológicos cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona.


A partir de esta conceptualización, se plantea que la salud mental es un proceso. Esto implica preguntarnos: ¿quiénes y de qué manera forman parte de este?

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En definitiva, ¿qué es ser agentes de salud mental?

Una posible respuesta puede ser alcanzada a través de la psicología comunitaria. Este campo planeta la necesaria participación e intervención de las comunidades junto con la investigación-intervención de lxs psicólogxs. De esta forma, la participación tiene un carácter político, dada su función desalienante, movilizadora de la conciencia y socializadora.  Así, el rol de lxs psicólogxs comunitarios no es el de interventores expertos, sino más bien el de catalizadores de transformaciones sociales (Montero, 2004). Es esta posición la que pensamos necesaria reivindicar.

En este sentido, la salud mental implica asumir un papel activo y crítico, posición que posibilita intervenir en la realidad para transformarla. A partir de esto, la reivindicación que la psicología comunitaria logra del saber del otro es clave para pensarnos como profesionales y agentes de salud.

Por tanto, si pensamos nuestra formación y el quehacer de lxs psicólogxs en clave de respeto desde la definición de salud mental, es fundamental la formación en psicología comunitaria, porque nuestra práctica es con otros. De este modo, es necesario abrir la pregunta sobre cómo consideramos lo que hacemos con el otro en diferentes ámbitos: en el consultorio, en una escuela, en una comunidad, en un barrio, en una investigación neuropsicológica, en una entrevista, etcétera.

Desde aquí, nos volvemos a preguntar: ¿de qué forma el otro interpela nuestras prácticas y saberes? ¿Qué implica respetar al otro en el ejercicio profesional? Pensamos que para que el respeto sea posible es necesario comprender al otro, valorar sus intereses y necesidades.

 

Lectura de realidad: una psicología contextualizada

Comprender al otro requiere no mirarlo como un otro aislado, sino entender las dimensiones sociales que no solo lo enmarcan y lo condicionan, sino que atraviesan su configuración subjetiva. Es indispensable hacer un análisis crítico del contexto social, histórico, político, económico y cultural. Como estudiantes de psicología podemos generar esta comprensión del contexto a partir de prácticas que permitan vincularnos con la comunidad, a través de una relación dialéctica que dinamice y retroalimente los saberes instituidos. Así, encontraremos distintas maneras de articular el conocimiento científico con el conocimiento que la comunidad construye sobre sí misma, que posibiliten generar nuevos conocimientos superadores. De esta manera, se puede verificar que hacer ciencia es fruto, también, de esas articulaciones condicionadas por la visión del mundo que los profesionales tienen (Quintal de Freitas, 1994). En este sentido, sostenemos que el conocimiento se construye en una relación dialógica entre teoría y práctica. Práctica que debe ser contextualizada y realizada con otros.

A partir de una lectura de la realidad del escenario actual cordobés, de modo general, es posible visualizar un creciente estado de inestabilidad en diversos aspectos de la vida social que afecta especialmente a las poblaciones en situaciones de vulnerabilidad. En este sentido, hay problemáticas que van más allá de lo meramente individual y lo psicológico considerado de manera aislada. Están ligadas a condiciones concretas de existencia que están incidiendo en la calidad de vida y, en consecuencia, en la salud mental. Por lo tanto, debatir y llevar a la práctica las implicancias y modos de intervenir como agentes de salud es una decisión que tiene una dimensión política, pues implica preguntarnos sobre la finalidad del conocimiento. Es un desafío que surge a partir de entender la responsabilidad que otorga el título de Licenciatura en Psicología.

Reconocemos que la universidad pública es parte de una estructura para la cual se destina gran parte de los recursos del Estado. Por tanto debe responder a las problemáticas que se presentan en la sociedad, es decir, estar a su servicio.

 

La formación que construimos lxs psicólogxs, ¿al servicio de quién está?

La salud mental es un derecho. Es un derecho al que no todos pueden acceder. Se convierte, entonces, en un privilegio para algunxs. Insistimos: la psicología comunitaria da respuesta a esta situación. Esta respuesta es impulsada, en nuestra facultad, por docentes que desde hace años que trabajan con el cuerpo involucrado en comunidades de Córdoba, con el compromiso asumido en la transformación social, haciendo participes a estudiantes en el proceso de construcción de conocimientos, defendiendo el campo y reivindicando el aporte que este puede dar a las problemáticas actuales. Su aporte es poderoso porque su praxis está sustentada en visualizar, reforzar e insistir en que todxs tenemos igualdad de derechos.  

La psicología comunitaria incorpora la comunidad como actor en el espacio académico, y reconfigura el lugar de la universidad en relación a lo público. Esto genera una afectación mutua que permite el encuentro con el otro y la búsqueda conjunta de posibles estrategias que posibiliten afrontar las problemáticas que atraviesan las distintas comunidades. Así, la psicología comunitaria aporta a la construcción de transformaciones de condiciones que obstaculizan la salud mental, luchando por la dignidad de las personas.

Entender la responsabilidad que otorga el título de la Licenciatura en Psicología no debe depender de una decisión individual, ni de una experiencia de cada unx aisladamente, sino que debe ser una decisión y puesta en práctica de toda una comunidad académica de una facultad que está dentro de la Universidad Nacional pública y gratuita.

Desafiemos(nos) a seguir reflexionar de forma conjunta sobre nuestra formación, sobre cómo miramos al otro. En definitiva, esta pregunta implica cuestionarnos para qué estudiamos psicología hoy en Córdoba, Argentina.


BIBLIOGRAFÍA

  • Barrault, Ornar Andrés (2008). “Psicología Comunitaria y Espacios de encuentro: una lectura desde la subjetividad”. Ficha de Cátedra Estrategias de Intervención Comunitaria. Facultad de Psicología. UNC.
  • Quintal de Freitas, M. de F. (1994). “Prácticas en comunidad Psicología Comunitaria”. En “Psicología Social Comunitaria”.  Montero, M. (comp.) 1° ed, Universidad de Guadalajara, México, pp 64-77.
  • Montero, Maritza (2004): “El Paradigma de la Psicología Comunitaria y su fundamentación ética y relaciona!”. En “Introducción a la Psicología Comunitaria. Desarrollo, conceptos y procesos”. Editorial Paidos. Buenos Aires, pp.89-114
  • Plaza, Silvia (2007). “Campo de la Psicología Comunitaria”. Ponencia presentada en el V Foro de Trabajo Comunitario, organizado por la Cátedra Estrategias de Intervención Comunitaria. Facultad de Psicología. UNC.

 

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