Universidad o la suerte echada (parte 1)

Universidad o la suerte echada

Hablemos de educación

Por Mirella Canu, maestra jubilada.


 

“Educación” obliga a explicitar un recorte y una perspectiva. Saltar por la historia de la educación formal argentina como herramienta de comprensión y analizar los subyacentes ideológicos en algunos de sus hitos; abordar la función docente como encarnadura de la concepción pedagógica y la alfabetización como garantía o negación de la tan declamada “igualdad de oportunidades”. Es la intención con que se comparten algunas reflexiones. Desde una mirada sin pretensión de asepsia y una experiencia docente en los niveles inicial y primario.

 

 “La historia de la educación es oscura e incomprensible

si no se inscribe en el marco de la Historia Social:

son las estructuras y procesos sociales

los que nos explican y hacen asequibles a nuestra comprensión

las ideas, doctrinas, procesos, políticas, legislaciones, estructuras

y metodologías didácticas.”

Roque Esteban Dabat

 

Sujetos que aprenden y enseñan, contenidos, conocimientos socialmente validados, procesos psicológicos, monopolio estatal del saber socialmente relevante y su certificación, metodologías, culturas, oportunidades, coherencia lógica en los contenidos de estudio, pertenencia socio económica cultural de los sujetos, motivación, inclusión social y más. Todo ello, como en un big bang al revés, se concentra en una secuencia didáctica en un aula. Si hay acto político, es ése. En una relación asimétrica – por ello de poder –  se pone en juego un dispositivo de distribución de bienes simbólicos, credencial para pertenecer o ser rechazados. Las políticas educativas forman parte de un grupo más amplio de políticas públicas, atadas a la noción de estado. “El estado es un instituto político de actividad continuada cuyo administrativo mantiene con éxito la pretensión al monopolio legítimo de la coacción física para el mantenimiento del orden vigente”. Respecto de qué tipo de orden es el que se propone “mantener vigente”, hay diversas miradas; concentrables en dos. La concepción liberal concibe al estado como producto de un pacto social en el que las aspiraciones individuales se asocian y someten a los fines de obtener ventajas por lo que el estado, visto como neutro, es árbitro. La concepción crítica o marxista, lejos de ver neutralidad en el estado lo considera instrumento, creación de las clases dominantes para sostener una sociedad estratificada en la que unos sean poseedores de los medios de producción y otros de su fuerza de trabajo. Mirada bipolar si no se tienen en cuenta los numerosos matices en que cada una se descompone

 

Si la historia la escriben los que ganan, entonces…

Nuestra educación se liga a la cultura occidental y cristiana. Hubo conquista, exterminio y colonización de los pueblos de América. Un proceso de desterritorialización- territorialización por el que seguimos llamando con el nombre de un conquistador al suelo que pisamos, habitado con anterioridad por culturas en diversos grados de desarrollo. Incas y Mexicas, estados teocráticos impuestos sobre otros pueblos, contaban con escritura, escuela, desarrollo científico, artístico, urbanístico, agrícola, ganadero y minero. Al momento de la conquista España lucía un analfabetismo calculado alrededor del noventa por ciento, transitaba el pasaje del poder papal a las monarquías por derecho divino; tanto, que los Reyes Católicos eran la autoridad religiosa junto a la política. Salvo por el exterminio a manos de un desarrollo bélico diferente, bien podría haber sido un “encuentro de culturas”.

La conquista y la colonización montan una sociedad española en América. De notables esfuerzos y  acciones educativas es la segunda etapa. Ante la grieta que implica la Reforma de Lutero, España asume la tarea de recuperación del catolicismo. Gran oportunidad imponerlo en un territorio enorme y “virgen”. Las órdenes religiosas (Dominicos, Franciscanos) y especialmente la de los Jesuitas son órdenes enseñantes y punta de lanza de una evangelización que implica imposición de la lengua y la religión, reaseguro del dominio territorial en un doble operativo de contrarreforma y colonización.  

En Europa Juan Comenio publica su Didáctica Magna en 1630, inaugurando la Pedagogía a partir de la institución de un nuevo concepto de infancia y el de la vieja didáctica griega. Una ciencia al estilo moderno que, por mucho que se la considere Cenicienta, tiene sus años.  

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Códice azteca

 

“La América española es original;

originales han de ser sus instituciones

y su gobierno y originales los

medios de fundar uno y otro.

O inventamos o erramos.”

Simón Rodríguez

El lustre también viene de Europa

Los procesos independentistas de América (1800) gestados por sectores urbanos burgueses, encuentran como recurso fundamental para la transformación de las estructuras político-económicas a la educación. La influencia europea ya viene de la mano de Rousseau. Si, al cabo de la etapa de catequización y españolización, la política educativa se ocupó fundamentalmente de la educación superior, los revolucionarios necesitan de la educación básica; por razones humanitarias pero también para sumar al pueblo a un proceso político nuevo. Veinte años de luchas independentistas, medio siglo más de guerras civiles en nuestra patria, ponen en disputa intereses entre interior y metrópoli e implican una compulsa entre los distintos modelos de política educativa. Son los requerimientos de una visión regional. Y ejemplos San Martín y sus campañas diseminando bibliotecas; Belgrano y su compromiso con la educación ya desde el Consulado: “proponía que los cabildos creasen y mantuviesen con sus fondos escuelas «en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la campaña». Y al hacerlo sostenía que era «de justicia» retribuir de este modo la contribución que, con sus impuestos, hacía la población para el sostenimiento del Estado. Años después, dos meses antes del inicio de la Revolución de Mayo, lo expresaría en estos términos: “¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?”

Entre el triunfo unitario en Pavón (1862) y la declaración de Buenos Aires capital federal (1880) transcurre el período llamado de la Organización Nacional.  Se ajustan estructuras y entra en vigencia la Constitución ya declarada en 1853. El desarrollo agro-exportador nos inserta en los mercados mundiales (ingleses) posibilitando a capitales extranjeros radicarse en las áreas de servicios y finanzas. Esto, sumado a una masiva inmigración, conforma una sociedad heterogénea (vista desde la concepción unificadora dominante).

Y Sarmiento inventó la escuela…

A pesar de las guerras, la educación básica tenía un apreciable desarrollo aunque la intervención estatal fuese limitada. La idea de que pre-1880 la patria era un desierto poblado sólo de barbarie empapó la mirada de generaciones de docentes. El sistema educativo padecía dispersión, heterogeneidad y disparidad. Pero fue un período con preocupación educativa; dan cuenta de ello la fundación de la Universidad de Buenos Aires en 1821 y la nacionalización de la de Córdoba en 1854.

La ley de Educación 1420 (año 1884) es todo un sistema: universal, mixta, común, graduada, selección de contenidos, sanidad escolar, modelo de evaluación, administración central y fondo educativo. Laica y obligatoria. Un triunfo laico y, sobre todo, liberal. La ley establece que la formación religiosa se podrá dar en las escuelas, fuera del horario de clase y por los ministros de las diversas creencias. Hoy, a 134 años de aquello, en la Provincia de Salta, por decisión del gobierno provincial, se imparte educación religiosa en la escuela pública (variadamente católica, eso sí). Sirva para reflexionar acerca de lo visionaria que fue la ley y de cuánto tarda una sociedad en modificar las estructuras de poder. De hecho, una Ley de avanzada como la 1420, en sus comienzos se aplica en la Capital Federal y en algunas provincias, como la nuestra. Huella tangible de ello son los edificios construidos “con cierto gusto y con lujo de decoración que habitúe los sentidos a vivir en medio de estos elementos inseparables de la vida civilizada” (Sarmiento dixit): las Escuelas Alejandro Carbó, Jerónimo Luis de Cabrera, Gobernador José Vicente de Olmos (hoy educativo shopping) y Juan Bautista Alberdi. En las provincias, una vez derrotados sus caudillos y la vuelta de los poderes españolizantes, la Ley es sólo un eco. En 1905, a pedido de las provincias, la Nación disemina las Escuelas Nacionales, acercándose a la función civilizadora con que se pensó la Ley. “…La menor tentativa de modificar los programas escolares…chocan casi siempre con resistencias formidables, no sólo porque intereses corporativos muy poderosos están atados al orden escolar establecido, … es también que las cosas de la cultura, y en particular las divisiones y jerarquías sociales del Estado que, instituyéndolas en las cosas y los espíritus, confiere a un arbitrario cultural todas las apariencias de lo natural”.

Entre la Ley 1420 y los años ’30 del siglo 20, el sistema educativo está inspirado en el modelo de las Ciencias Exactas. Si bien éste quedó en el imaginario como el período de la educación de calidad y lo fue, como en todo proceso, gestó sus críticas y limitaciones. Críticas a la cultura libresca y enciclopédica (especialmente al final del período, el Movimiento de la Escuela Nueva, si bien no alcanza difusión territorial significativa, imprime modificaciones metodológicas como el Cuaderno de clase y el Método Global entre otras cosas). Y afrontó limitaciones; de sus propósitos iniciales (escolarización del universo infantil y camino a la universidad a través de la escuela secundaria) cumplió relativamente el primero, dejando fuera a enormes sectores de la población, y fracasó en el segundo. Con el voto universal masculino en 1912 y el ascenso de Yrigoyen al gobierno en 1916 (gobierno plebeyo heredero de la Revolución del Parque de Alem en 1890), la clase trabajadora – robusta de inmigrantes con ideas libertarias- adquiere un nuevo estatus más allá de de las grandes represiones a obreros, cuya virulencia marca también la magnitud de la protesta. Al momento, más de la mitad de los niños y niñas en edad escolar están fuera del sistema. En este clima, con la primera guerra ya casi finalizada y la revolución rusa del ’17 en auge, la Reforma Universitaria del ’18 – de la que se está cumpliendo un siglo –  trae, en su proclama, dos novedades: la alianza obrero estudiantil y el reclamo de revolucionarios cambios en la política general y el estado desde la rebelión ante la política educativa. Como ocurre en los procesos culturales, todavía no podemos decir que hayamos concretado en profundidad sus postulados y, mucho menos, decir que los hemos agiornado a nuestro tiempo y contexto. Una revuelta juvenil, de abajo hacia arriba latinoamericanista y virulenta. El siglo 20 encuentra al sistema educativo en tensión como lo están los modelos de desarrollo, alrededor de la actividad agrícola o la industrial. Como lo está el mundo disputando modelos de estado. En nuestro país en particular, justo cuando el voto popular (masculino) abre el camino a la democratización, a partir del ’30 comienza un largo período de golpes cívico militares cuyas secuelas, de diversas maneras, azotan nuestro presente. Aquel primer golpe encabezado por el general prusiano José Félix Uriburu y graciosamente ”legitimado” por la Suprema Corte de Justicia (Don José Figueroa Alcorta, Don Roberto Repetto, Don Ricardo Guido Lavalle, y don Antonio Sagarna y el señor Procurador General de la Nación Doctor Horacio Rodríguez Larreta) por acordada del 14 de setiembre, dice: “… ese gobierno se encuentra en posesión de las fuerzas militares y policiales necesarias para asegurar la paz y el orden de la Nación, y por consiguiente para proteger la libertad, la vida y la propiedad de las personas, y ha declarado, además, en actos públicos, que mantendrá la supremacía de la Constitución y de las leyes del país, en el ejercicio del poder.”

Un sinceramiento acerca del carácter oligárquico, endogámico y cortesano de la Suprema Corte de Justicia. Los avatares de nuestra historia no impidieron que en 2016 un presidente nombrara por decreto dos Ministros de la Suprema Corte, que los juristas nombrados aceptaran tamaña aberración y que un Senado contribuyera con la triple aberración de dar acuerdo a tan vergonzoso procedimiento. Las convalidaciones sucesivas de actos ilegítimos, ilegales y aberrantes por parte de diversas Cortes Supremas de Justicia de la Nación Argentina fueron, sin duda, una de las causales de tanta violencia política a lo largo del siglo 20, nuestro primer siglo “democrático”.                     

Resultado de imagen para escuela emilio olmos cordoba                             Resultado de imagen para escuela emilio olmos cordobaDr. Emilo Olmos, Escuela                                                       Patio Olmos, Shopping

“Quien se acerque a estudiar la política educativa durante el primer período peronista comprobará el peso que ha tomado dentro de la literatura la ampliación del sistema de educación técnica oficial (…) hecho de gran importancia no sólo en este período sino en los posteriores (…) la inclusión de los obreros en el sistema educativo, la formación de la fuerza de trabajo, las visiones sobre la industrialización, la democratización social estuvieron en el primer lugar del debate en la esfera pública”.

Inés Dussel y Pablo Pineau

“Los únicos paraísos son los paraísos perdidos”.

J. L. Borges

 

De “M’hijo el dotor” a “La clase obrera va al paraíso”

El peronismo irrumpe en una Latinoamérica en la que muchos países de la región, por periféricos que fueran, ven en la industrialización la posibilidad de desarrollo con la idea que desde la educación se obtendrían todas las transformaciones. Desde esta óptica el proceso particular del peronismo tiene algún correlato con el desarrollismo.

La historia del sindicalismo ya tenía en nuestro país más de medio siglo. Perón le incorporó un sujeto social – los cabecitas –, dio al sindicalismo un rol protagónico y lo condujo, en el marco de una política concebida como acción pedagógica. Algunos autores hablan de una “resocialización” desde todos los estamentos del estado, en los sindicatos y en la comunidad. Las Unidades Básicas son centros de formación en los barrios. Una mirada amplia de la educación entendida, al mismo tiempo, como socialización.

La política educativa, desde la mirada de la resocialización se explicita en el adoctrinamiento. En los contenidos de la doctrina que se enseñan (los decálogos de solidaridad, los derechos de la infancia expuestos, las temáticas como el trabajo y el trabajador, la mirada respetuosa hacia el mendigo y los desposeídos, etc.); la difusión de la obra de gobierno (se exponía en el cuaderno de cada alumno de los últimos grados de primaria el plan Quinquenal de Gobierno que así llegaría a cada hogar); la revalorización de la infancia como la etapa de los “únicos privilegiados” que favorece la expresión de postulados de la escuela nueva; las figuras protectoras de Perón y Evita (presentes en los libros de lectura). Un adoctrinamiento explícito en este caso, tanto como lo fue – explícito o no – en cada uno de los períodos vistos y por verse. La invisibilización de hechos, períodos y conflictos dentro de los contenidos a enseñar fueron, en todo caso, un adoctrinamiento por omisión de varias generaciones. Lo cierto es que este carácter socializador del estado – y su hegemonía estatal – devino en no poca confrontación con sectores políticos, profesionales, científicos, religiosos e intelectuales de la sociedad.

La fenomenal expansión de la matrícula, la construcción de miles de escuelas en los más recónditos lugares, la creación de las escuelas secundarias de formación técnica, escuelas de adultos para su alfabetización, la creación de la Universidad Obrera Nacional hoy UNT, la quita de todo arancel a los estudios universitarios son algunas muestras de la expansión del sistema educativo que, dando capacitación, asistencia, recreación, e instrucción caracteriza el período que puede decirse, desde la Ley 1420, finalmente logra lo de universal y gratuita. Una política educativa en el marco de políticas de salud, recreación y asistencia enfocada a la movilidad social y en un modelo de país industrialista, pujante y soberano. No podemos decir lo mismo respecto a su definición como Laica; durante el período peronista se reimplanta la educación religiosa en las escuelas, luego quitada cuando el conflicto con la Iglesia Católica. También se otorgan los subsidios a las escuelas confesionales, cosa que la Iglesia no pierde con el conflicto y permanece vigente hasta hoy.

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El guardapolvo nuevo. Daniel Santoro (Óleo)

 

La guerra fría y la papa caliente

La secuela bipolar de la segunda guerra deja el mundo divido en dos aunque se hablara más de misiles que de grieta. Países intervinientes duramente golpeados o devastados, salvo Estados Unidos. Las democracias occidentales prometen el desarrollo y el estado de bienestar. América Latina comienza a ser el patio trasero de la América del Norte, función elegantemente titulada Doctrina de la Seguridad Nacional. Es el tiempo llamado de la guerra fría entre el polo Soviético y el Norteamericano.

Argentina, salida de la neutralidad y la “tercera posición” del período democrático peronista, a partir del golpe cívico militar eclesiástico de 1955, comienza un largo período de resocialización, ya no entendida como acción pedagógica, sino como pura y dura proscripción, persecución agitando el fantasma del “trapo rojo”. Sólo salpicado de disrupciones con la participación del voto popular hasta 1983. Un período que en lo económico puede definirse como desarrollista.

En 1957 Frondizi (Unión Cívica Radical Intransigente) es electo presidente con el aporte de votos del peronismo proscripto. Una medida de su política educativa es la reglamentación del Art. 28 de la ley 6403/55, promulgada por Aramburu en el ’55: “la iniciativa privada puede crear universidades libres” a pesar de haber compartido la postura laicista junto a socialistas y comunistas. La respuesta de los estudiantes es decidida, fundaron la Federación Metropolitana de Estudiantes Secundarios (FEMES) en medio de trifulca. Las oleadas de movilizaciones, ocupaciones de colegios, asuetos, piquetes y los enfrentamientos callejeros entre “libres” y  “laicos” crecen en tamaño y virulencia. En el ‘59 se sanciona la ley Domingorena que determina la creación de la Superintendencia Nacional de Enseñanza Privada (SNEP), como organismo que centraliza la supervisión del sector, anteriormente bajo la modalidad y el nivel oficial correspondiente.   

Frondizi trata de cumplir el acuerdo con el peronismo y permite la participación de algunos proscriptos en elecciones de diversos distritos, en los que éstos triunfan. Numerosos gremios intervenidos en el ’55 recuperan su legitimidad. La presión se torna insoportable, Frondizi interviene las provincias y, ante numerosas huelgas, aplica el pavoroso Plan CONINTES (Conmoción Interior del Estado). Pero ya nada alcanza; los militares – por mandato de los poderes concentrados – le piden reiteradamente la renuncia y se niega. Finalmente, en marzo de 1962, un almirante le comunicó al que las tres armas ya no le respondían y que se había dispuesto su remoción. Fue trasladado detenido a la cárcel de la isla Martín García. El tercer presidente detenido allí (lo precedieron Yrigoyen y Perón) por lo que pasó a llamarse, entre risas y lágrimas, la Isla YPF. Es nombrado por la Corte Suprema de Justicia, que consideró el derrocamiento de Frondizi como un caso de acefalía, el presidente del Senado José María Guido (Radical Intransigente, menos mal). Al día siguiente el Congreso anuló las elecciones previstas para 1962 e intervino todas las provincias y, una vez que los legisladores acomodaticios cumplieron con la tarea sucia, el Congreso fue disuelto por el Ejecutivo (algunos legisladores debieran, saludablemente, recordarlo hoy).

 

En un nuevo llamado a elecciones, triunfa Illia (UCR del Pueblo) con el peronismo proscripto. Este presidente se enfrenta a dos sectores muy poderosos: las petroleras privadas por anulación de los contratos que con Frondizi habían firmado y los laboratorios por la Ley de medicamentos. En materia educativa, aumentó el presupuesto educativo, desplegó un notable plan de alfabetización y aumentó la matrícula y la titulación de universitarios. Un conflicto interno de las fuerzas armadas (Azules vs. Colorados) contribuye a su destitución a manos del General  Azul Juan Carlos Onganía, con el beneplácito de dirigentes de diversa extracción política y la indiferencia general. Onganía, Levingston y Lanusse formarán la trilogía imperante hasta 1973. La infantería policial del primero deja en claro desde un comienzo la política educativa a llevarse adelante: en julio del ’66 irrumpe en la Facultad de Ciencias Exactas expulsando a garrotazos desde el Decano hasta el último alumno, hecho registrado como la Noche de los bastones largos. Así será en adelante, burocratización, control, silenciamiento, éxodo y destierro. Catolicismo y ortodoxia. Educación y cultura son meros instrumentos de “despolitización”. Tamaña represión violenta no podía sino promover el desarrollo de ámbitos de enorme creatividad cultural como el Instituto Di Tella, grandes huelgas obreras, levantamiento populares como el Cordobazo y el Rosariazo y el surgimiento de la violencia contestataria con la aparición de organizaciones armadas de guerrilla urbana (ELN, ERP, FAP, FAR, Montoneros). La política para los niveles primario y secundario estuvo marcada por la adjudicación de subsidios a la educación privada confesional (católica).    Comienza la transferencia de las escuelas primarias nacionales al orden provincial, que se completará en los ’70 en un fenomenal proceso de “descentralización” que, en buen romance significa “sálvese quien pueda y quien no, ya sabe”. De las universidades volaron el psicoanálisis, la teoría marxista y hasta la teoría de conjuntos, entre otras limitaciones. En economía se sigue sosteniendo el desarrollismo en lo discursivo. En tiempos de Lanusse, aquella concepción de que hay que crecer primero para distribuir después -teoría del derrame- había fracasado en los hechos. Ya nadie lo espera, resultado del aprendizaje en el fracaso de las promesas desarrollistas.

La noche de los bastones largos. 29 de julio de 1966


La primavera dura tres meses

En marzo de 1973 Cámpora gana la presidencia, representando a sectores radicalizados del peronismo, poniendo fin a la proscripción del partido. Tres meses después, renuncia para posibilitar el llamado a una nueva elección de la que resultaría presidente por tercera vez Perón.  Ministro de educación de Cámpora fue Jorge A. Taiana, el impulsor de la Ley 20.645 de universidades nacionales que reconoció la libertad de cátedra, la autarquía administrativa y económica. Ante el 9% de analfabetismo adulto con el que se encontró impulsó la campaña de alfabetización Crear que duró 14 meses; lo que tardó Taiana en ser reemplazado por el ministro de educación de Perón, Oscar Ivanissevich, quien destruyó literalmente todos los materiales de la Crear y su concepción fascista tiñó toda la gestión. Tres años de una democracia que desnudaría a toda orquesta las contradicciones de proyectos de país muy diferentes. Dentro y fuera del peronismo. En la sociedad toda. Como nunca en escena la disputa por la concepción de estado: “previo a la sociedad, capitalista e inamovible” vs. “al servicio de la clase dominante que debe ser transformado desde sus cimientos”. Ejemplo cercano de ello el sindicalismo: Combativo (recordemos Tosco, López, Salamanca, Ongaro, etc. etc.) vs. Burócratas (de quienes cabría preguntarse por qué sobreviven hasta el presente en tamaña proporción y con tan buena salud).

“Los amigos del barrio pueden desaparecer
Los cantores de radio pueden desaparecer
Los que están en los diarios pueden desaparecer
La persona que amas puede desaparecer
Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire
Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle
Los amigos del barrio pueden desaparecer
Pero los dinosaurios van a desaparecer.”

Charly García

 

La muerte sin epitafio

El “Proceso de Reorganización Nacional” instaurado por el golpe cívico eclesiástico militar del 24 de marzo del ’76, al que pondrá fin la sangrante derrota en la guerra de Malvinas, ya venía horadando la historia desde fines del ’74 con la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y en su versión cordobesa Comando Libertadores de América. Su característica fundamental: la represión violenta al margen de la ley (terrorismo de estado), el desguace del aparto productivo; la reeducación ideológica de la sociedad. Desde el pelo largo hasta la falda corta, pasando por el estado de sitio permanente, la desaparición forzada, el robo de bebés, la delación de los unos a los otros, el terror y el individualismo supremo. El aislamiento del que en contraposición a la soledad nos refiere Rita Segato, en su punto de cocción más alto. La política educacional se funda en una limpieza y persecución de todo atisbo que se considerado atentatorio contra la seguridad del estado. Aceitar todos los mecanismos de obediencia a la autoridad, cosa ya garantizada en un 50% por el miedo reinante. Maximización del verticalismo institucional, a los fines de que nada de lo que en las aulas ocurriera escapara del control de la autoridad central. Los cuadros técnicos superiores fueron cuidadosamente reemplazados por profesionales pertenecientes a círculos católicos, a notables instituciones privadas o a empresas “confiables”. Los docentes de menor rango permanecerán en sus puestos siempre y cuando su legajo no se prestara a sospecha alguna una vez pasado el cedazo  de la SIDE (Secretaría de Inteligencia del Estado ahora bajo la órbita del Ejército y el lema “…Todos están manchados, el perdón nunca llegará…”) y la delación. Muchos fueron los docentes perseguidos, torturados y desaparecidos. Muchos los estudiantes que siguieron igual suerte.  

El 16 de setiembre de 1976 (aniversario de la “Revolución libertadora” de 1955) los estudiantes secundarios del Nacional de Buenos Aires fueron secuestrados, torturados y confinados a centros de detención clandestinos (Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Quilmes y la Brigada de Avellaneda): Francisco López Muntaner, María Claudia Falcone, Claudio de Acha, Horacio Ángel Ungaro, Daniel Alberto Racero, María Clara Ciocchini, Pablo Díaz, Patricia Miranda, Gustavo Calotti y Emilce Moler. Seis de ellos continúan desaparecidos (Francisco, María Claudia, Claudio, Horacio Daniel y María Clara) y sólo cuatro pudieron sobrevivir, Pablo Díaz, Gustavo Calotti, Emilce Moler y Patricia Miranda. 

En nuestro Preuniversitario Superior de Comercio Manuel Belgrano la dictadura se cobró la vida de doce jóvenes entre estudiantes y egresados, la expulsión de otros veinte (del Centro de Estudiantes). Las listas fueron confeccionadas y entregadas a las fuerzas de seguridad por el ex director Tránsito Rigatuso, posteriormente nombrado diputado nacional por el justicialismo durante la democracia (1983-1987). Recordamos aquí los nombres de los chicos “desaparecidos” del Manuel Belgrano: 
Gustavo Torres, Oscar Liñeira, Graciela Vitale, Daniel Bachetti, Silvina Parodi de Orozco, Jorge Nadra, Raúl Castellano, Walter Magallanes, Pablo Schmucler, Fernando Ávila, Miguel Arias, Claudio Román (apareció acribillado y con quemaduras de cigarrillo).

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