Gordofobia

Por Azul Touceda.


Ante todo es importante entender el concepto de gordofobia como aquel que utilizamos  para designar a la condición de aquellas personas que emiten discriminación consciente o inconsciente hacia otras con sobrepeso, la cual lleva a minusvalorarlas o despreciarlas, situación que se ve claramente agravada en el caso de las mujeres que poseen esta característica.

El discurso gordofóbico acarrea consigo un supuesto respaldo médico o científico, que posiciona a las personas gordas en desventaja con respecto a las delgadas, considerando que las primeras  no podrían desarrollar sus actividades en plenitud de no cambiar esta situación. De esta manera, se visualiza la vida de la persona gorda como incompleta, atribuyendo la condición de salud y bienestar a la delgadez y utilizando como sinónimo de esta a la belleza (como si ser delgadx, convencionalmente atractivx, o inclusive tener buena salud física trajeran intrínsecamente consigo la salud mental  – o la felicidad-)Así, se plantea una concepción de salud como un estado que nos permita ser útiles y funcionar correctamente en nuestro medio , una vision que refiere automaticamente a salud biológica, como si fuésemos objetos fallados que se reparan con médicos o dietas estrictas para luego seguir manteniendo las condiciones de vida instauradas como normativas.

Es importante cuestionar de arranque la demonización de la palabra gordx. Como un atributo incorrecto, como palabra que va unida a descripciones negativas. La palabra gordx como sinónimo de fex, flojx, poco eficaz, solitarix. Siendo sincerxs, ¿cuántas veces hemos oído como insulto “gordx de mierda”, “gordx fex”, “gordx chanta”, (y un largo etcétera)? Ahora, piénsenlo al revés: ¿Cuántas veces oyeron atribuida dentro de un insulto a la palabra flaca?: Si la diferencia es notable significa que hay un problema. En esta línea podemos cuestionar una multiplicidad de discursos de nuestra cotidianeidad, un ejemplo claro puede brindárseles la persona que escribe, quien ha recibido en diversas oportunidades opiniones tales como “vos no sos gorda, sos rellenita” o el nefasto “vos no sos gorda, sos re linda” y ni hablar del “si bajaras un poco de peso serias re linda”. ¿Y qué con esto? ¿Desde cuándo el ser lindx está definido por la cantidad de tejido adiposo que cargues? Y, ahondando más: ¿Qué es ser lindx?

Como mencionaba al comienzo, es notable la dicotomía de las vivencias de mujeres y varones. Todxs estamos atravesados por la cultura y es dificl escapar de lo que se estila a ser en una sociedad. Pero en el caso de las mujeres, esa realidad se exacerba aún más, comenzando desde tomar como heroínas a las princesas estereotipadas de Disney de chicas, pasando por la importancia exacerbada otorgada al matrimonio y la maternidad a medida que vamos creciendo, hasta los comentarios de compañerxs del colegio o mismos integrantes de nuestra familia que van teniendo efectos cada vez más nocivos sobre nuestro autoestima, que deviene en años y años de tratar de no odiarse tanto, de tratar de “aceptarnos como somos”, donde ese “como somos” encierra en sí mismo una connotación negativa: lo que muestran los medios es lo perfecto, lo que debe ser, y vos sos la errónea, pero bueno, “aceptate como sos”, ¿qué vas a hacer sino?. Es así que las mujeres gordas comenzamos a llevar el cuerpo como una carga, como algo pendiente, como algo de lo que deberíamos hacernos cargo y no lo hacemos,( y qué mal que no lo hacemos).Esos discursos que nos repitieron desde chicas se nos van haciendo carne de manera tal que en muchos casos acabamos sintiéndonos menos, insuficientes, incapaces, tal como la sociedad nos fue formando: con culpa,  con vergüenza de lo que somos, añorando una belleza hegemónica inalcanzable.

Asi, resulta de vital importancia comprender ante todo que el no amor hacia el propio cuerpo no es una problemática que provenga de una simple falta de autoestima, de un problema personal, individual, que se solucione en un espacio de terapia. Sino que se trata de una problemática colectiva que nuclea a cada una de las personas que habitan esta sociedad. Quien debería cambiar no es la persona en cuestión, no se trata solo de fortalecernos frente a todo el odio recibido, sino de una transformación global a nivel social. No es casual que nos sintamos con tal nivel de disconformidad si somos influenciados por el medio circundante desde que nacemos. Si somos bombardeadxs todos los días de nuestra vida con modelos de vida que deberíamos imitar, que distan absolutamente de nuestra cotidianidad pero que por el valor otorgado por lxs demás tratamos de alcanzar infructuosamente, porque la cruda verdad es que no, jamás alcanzaremos ese deseo por más empeño que le pongamos, porque siempre va a faltarnos algo, siempre vamos a cargar con ese cierto grado de imperfección.

Y esta  inconformidad permanente latente en nosotrxs resulta funcional a este sistema capitalista que mencionábamos anteriormente, en donde  nuestro deseo insaciable de perfección nos lleva a un consumo exacerbado, de moda, de dietas estresantes, de patrones culturales impuestos de los que parece que no podemos escapar y, como se mencionó, de formas de vida planteadas como las únicas posibles para el bienestar y la felicidad.

Considero que ante este análisis pueden plantearse diversos interrogantes: ¿Hace cuánto dejaste de gustarte a vos mismx? ¿Hace cuánto que te sentís incorrectx, disidente, imperfectx? ¿Desde cuándo te crees insuficiente para lxs demás? ¿Cuándo dejaste de sentirte valiosx? Que importante preguntarnos y re preguntarnos estas cosas, que importante es cuestionar ese desamor, esa inconformidad permanente con el yo, esa poca valía que le damos a nuestro ser. Qué difícil es sentirse bien con las cosas que hacemos si no queremos al cuerpo que las hace. Que difícil sentirse realizadx si dejas relegado todo lo referido al amor propio, si tapas toda esa pila de inseguridades con actividades, con desafíos intelectuales, con análisis de lo ajeno. Que difícil disfrutar de esos logros si nos falta el logro primordial, el más importante, el de mayor trascendencia, que es el aceptarnos, el querernos, el plantear al propio cuerpo no como algo erróneo, como algo sancionable, como algo avergonzante o que debemos ocultar tras filtros o ediciones de fotos.

¿Cuánto falta para despegarse de eso? ¿Cuánto falta para sentirnos satisfechos de nuestros logros? ¿Cuánto falta para ser suficientes para el/la otrx? ¿Cuánto falta para querernos de verdad?

Es trascendental comenzar  a mirarnos con mejores ojos, a gustarnos más, a salirnos de esa persecución infructuosa de la ” felicidad”  para entender que quizás la nuestra no está allí donde nos dicen, que quizás siempre seamos incorrectxs ante los ojos del sistema pero¡ que bien que eso sea así! Y que bien que todos los días nos volvamos cada vez más libres en nuestra diversidad, en nuestra peculiaridad; porque tal vez el día que dejemos de atribuirnos tantos defectos, y de sufrir nuestra diferencia, probablemente ese día aprendamos a vincularnos de una manera más sana con nosotrxs mismxs  y por ende con lxs demás.

Un comentario sobre “Gordofobia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s