Pedidos en pantuflas, apps y flexibilizaciones laborales encubiertas.

Por Javier Aybar


Son alrededor de las 22.45 pm, o eso creo mientras pedaleo por Pablo Cabrera y estoy a punto de doblar en Nervo. Vuelvo a casa del trabajo. Me espera en la esquina una subida pronunciada. Pensada para les más audaces ciclistas y no tanto. Corre un viento fresco, son los últimos días de agosto; las hojas vuelan, y el silbido trepa por el sudor de mi frente, la respiración agitada empaña mis lentes, mi remera anuncia un lavado urgente, mi cuerpo pide ducha y sobre. Vengo pensando en el paisaje de la ciudad, cómo cambia… no son sólo las estaciones; es el humor que dice a cuánto cotiza el dólar y cómo pega en el bolsillo, son los malestares sociales hechos cuerpo. ¡Fiummm! Apenas el semáforo da el color verde, una campera amarilla y mochila de carga me pasa doblando en Nervo. Es un glover-biker, que a toda máquina de engranajes engrasados pasa en cambio liviano y se distancia de mí. Frenó más adelante, espera afuera de una casa que le abran. Ponen pausa a Netflix, le bajan el volumen a la tele, un perro ladra. Observo mientras paso y el glover me mira raro. No es recomendable observar a las personas de reojo, menos de noche y pasando en bici lentamente. Mientras estoy por cenar… quizá esa campera amarilla y mochila de carga espera  uno de los últimos pedidos de la noche, movimiento de algún dedo deslizándose por el táctil, la economía on demand llegó para quedarse. El chico del delivery se pierde a lo lejos en la oscura noche de Barrio San Martín Anexo y en mi recuerdo reciente.

Lo relatado anteriormente es un hecho verídico y cualquier similitud con la realidad de quien lee éstas líneas, a diferencias de las novelas y series que consumimos, no es mera coincidencia, y por el contrario, está muy bien pensado.

Asistimos hoy a la comercialización de los vínculos. Cualquier desplazamiento por la ciudad está mediado y mediatizado por la geolocalización, tramando cada forma de sociabilidad, cada momento de encuentro, controlándonos y vigilándonos muy de cerca, más de lo que pensamos. Vanina Papalini, investigadora y docente de la UNC, afirma con justeza: “La astucia del poder es saber ocultar sus huellas”. Es de esperarse entonces que los mecanismos de control, seguimiento y rastreo sean difusos. Y algo quizá un tanto peligroso, es que nos apropiemos de aplicaciones muy bien pensadas para ello, sin la más mínima crítica o acto consciente del para qué de su uso y qué propósitos persigue. Los grandes del mercado tecnológico como Facebook, Google, Amazon, Apple, son quienes nos facilitan cierta forma de movilidad social, o así lo piensa Evgeny Morozov, teórico bielorruso, dando a los pobres servicios que los ricos ya reciben. Porque creo que es mucho más fácil dar acceso a un teléfono celular que garantizar derechos civiles, sociales y políticos. Volviendo a lo vincular, pensemos por un momento…ya escasean las llamadas por teléfono y en casi todas las juntadas de amigues no falta el momento de exposición pública que garantice que efectivamente hemos estado juntes, como si el registro instagramero sea la prueba de que no bastaría sólo con el recuerdo o el disfrute, o que por lo menos este sería insuficiente. Necesitamos que nos vean, que nos laikeen, que nos sigan. Cuando a Evgeny Morozov le preguntan acerca de la psicopatología del hipercapitalismo, responde: “¡Es una explotación de tus más queridas e íntimas relaciones!”.

Hablemos de Silicon Valley o el Valle de Silicio. Pueden guglearlo si quieren, verán un poco de la historia de este lugar situado en la Bahía de San Francisco en el norte de Carolina, Estados Unidos. Cuna de los chips, hoy quizá el centro mundial de innovación y poderío concentrado en algunas tecnológicas multinacionales que facturan ingresos millonarios y que cotizan en bolsa. No por algo el dato no menor de que reciben grandes financiaciones de fondos especulativos. Y aquí es que volvemos al principio. Glovo, Rappi, Pedidos Ya, ¿qué son? ¿Aplicaciones en un teléfono celular?, ¿empresas que comienzan a crecer a pasos agigantados?, ¿intermediarias entre usuarios y clientes? Son todas estas definiciones y más. Como ya varios artículos periodísticos vienen problematizando en los meses de agosto y septiembre y teniendo en cuenta las protestas en Buenos Aires de estas formas de explotación laboral, de flexibilización, de reducción de costos y maximización de beneficios para sus dueños. Bien. Pero qué dicen ellas de su forma de vincularse y vincularnos: “tu pedido del súper como si lo hicieras vos”, “ahorrá tiempo”, “en manos expertas”, “lo que sea” (extraídas de la interface de la página de Rappi). Según sus creadores, los colombianos Sebastián Mejía, Simón Borrero, Guillermo Plaza y Felipe Villamarín, Rappi significa rapidez. Había olvidado otros dos factores a considerar: que no tenemos tiempo y que tiene que ser rápido.  Glovo, es una startup de Barcelona creada por el joven Óscar Pierre, te dice que los dejes “ya vamos nosotros”, que al igual que sus competidoras habla de algunos valores: flexibilidad y  solidaridad. Pedidos Ya, empresa de pedidos uruguaya , es parte del grupo alemán Delivery Hero que a mediados del año pasado anunciaban felices que ya cotizaban en bolsa por una cifra de los 4.500 millones de euros. Y aquí lo interesante, como si de un acto de magia se tratase, todas y cada una de ellas están al poder de un toque. Te bajás la app, la instalas y ya sos parte de este sistema perverso que nos hace cada vez más vagues, que negrea personas en pleno siglo XXI  y te convence regalándote una bolsa ecológica o no cobrándote el envío si demora más de 35 minutos.

Rappi se jacta de ser la única empresa latinoamericana de haber encantado los grandes de Silicon Valley, recibiendo financiación de las estadounidenses Y Combinator y Sequoia Capital, que han fondeado a Airbnb, Apple y YouTube.

La economía colaborativa lejos de ser solidaria acrecienta las ganancias de empresas tecnológicas precarizando al trabajador, las plataformas vinculan usuarios y clientes, cuando en realidad enmascaran el vínculo laboral que tienen con sus trabajadores. Poca legislación laboral, zona de grises y vacíos legales que como es costumbre amparan al más fuerte en detrimento del más débil.

El filósofo Byung-Chul Han plantea que hoy nos vigila y controla un psicopoder,  una inmaterialidad de mayores interfaces o mediaciones entre nosotros que mueve a las personas desde dentro, ya no desde fuera.  

Pensemos juntes que brindamos gratuitamente nuestros datos y nuestras vidas a Facebook, Instagram, éstas luego los reelaboran, les dan una lectura de mercado, y nos conocen mejor que nuestros políticos, saben más de nosotros que nuestra madre a quien ya no llamamos tan seguido, conocen mejor que yo a mis vecinos que apenas saludo, Silicon Valley está de fiesta y mientras sus pequeñas empresas de rápido crecimiento y de innovación son inyectadas con dinero que producimos nosotros a expensas del excedente que nos roban,  recuerdo un pensamiento que atesoro y siempre recuerdo, María Eugenia Boito dice que vivimos en un capitalismo que cala piel y hueso.

Las aplicaciones de delivery son sólo un espectro del poder oculto en cómo nos relacionamos para conseguir lo que queremos o necesitamos.

Salgamos más afuera, nos saquemos menos fotos, pongamos menos estados, miremos el clima mirando al cielo y no la pantalla del celular, veamos menos Netflix y más los ojos de mi compañere, veamos más críticamente el mundo en que vivimos, o ya no será nuestro, será de otros que lo único que quieren es que pedaleemos cuesta arriba con una caja en la espalda entregando un pedido más o menos a las 22.45 pm en la subida de Nervo y Pablo Cabrera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s